martes, 2 de enero de 2018

El Sueño y la Melancolía

O reflexiones de cómo vivir despierto

                                            

                                                                               Quisiera encontrar una roca silenciosa

                                                           para desandar mis sueños y contarlos mejor
                                                                       pero no hay paradero en este caer del sol
todo se ha disfrazado de un camino 
interminable

-Luna Nikol-

Todos tenemos uno o varios caminos, hay muchas rutas que podríamos seguir. Al norte, al sur, al este, al oeste; hacia adentro de nosotros, por donde crecen nuestros deseos y temores, nuestros afectos y nuestra hambre y hay un camino hacia afuera, donde todo lo que hay adentro se convierte en materia, y hasta donde la imaginación nos dé, crearemos en el mundo lo que sea necesario.

Algunas de estas rutas ya han sido trazadas por otros viajeros, que han venido antes, otros caminos están ahí, aun sin ser descubiertos. Hay cosas que están nombradas y otras que permanecen en su estado natural, más allá del lenguaje. Hay tantos mapas de conocimiento y tantos misterios.

Si tenemos suerte, podremos pararnos frente a la decisión, tendremos opciones… o no. Hay a quienes les toca seguir un sendero ya trazado por las circunstancias, por el entorno que determina al individuo, y aunque hay más de estas personas en el mundo -que les toca seguir un mapa ya delimitado-, también es verdad que sobre todo en ésta época hay cada vez más opciones y todas en determinado momento parecen azarosas.

La mayoría de las decisiones más importantes de nuestras vidas no las toma la razón, pero nos empeñamos en creer que sí. En verdad hacemos un gran esfuerzo por entender y usar el camino del razonamiento: medimos posibilidades, armamos rutas que podríamos recorrer, calculando siempre el costo-beneficio y pidiendo a nuestros dioses o a nuestra lógica que sea el camino menos doloroso.

El dolor nos da tanto miedo que hemos construido realidades repletas de placeres inmediatos para mitigar nuestros dolores más profundos, y sin embargo, al final ¿desde dónde decidimos? ¿Quién decide cuando decidimos?

Jugamos carreras con el tiempo, con el dolor, con las carencias, frustraciones, con lo innombrado y lo innombrable, pero siempre deseamos más. Nuestras contradicciones son maravillosas, una fuerza nos planta en la tierra y preserva lo que ya está hecho, mientras que otra fuerza igual de potente nos lleva a arriesgarlo todo por develar los misterios de lo que no hemos creado, de lo que no hemos descubierto.

Esta fuerza poderosa, que algunos llaman curiosidad, evolución o estupidez nos hace explorar nuestros lugares más vulnerables. Nos hace transformarnos y el cambio nos fortalece.
Siempre es bueno hacer cosas que no conocemos, nos mantiene cerca de la infancia y la infancia es el lugar más cercano a la fuente creadora. Las decisiones más importantes las tomamos en otro lugar, quizás en el de los sueños, o el de las emociones, con mapas mucho menos explorados que la razón e infinitamente potentes.

Los sueños nos revelan senderos mucho más amplios que los que conocemos, en los sueños todo se trata del tiempo, pero no la cuenta que conocemos. En los sueños, el tiempo y el espacio son infinitos y no existen los minutos, horas, años, ni los deseos que creemos que tenemos.
En los sueños se diluye el yo y estamos finamente conectados. Todo está esperando y a la vez todo está pasando. No existen las casualidades, sólo las causalidades; no existen las constituciones, ni las fronteras, no hay moral, ni religiones.

En los sueños, la persona más casta podría asesinar a su padre o hacer el amor con un caballo, y la persona más perversa puede salvarle la vida en su sueño a quien acaba de asesinar despierto.
En los sueños se viven todas las posibles realidades de todas las posibles decisiones. Por eso, estar despierto, es quizás el lugar y el tiempo más nostálgico en que vivimos.

A la luz del sol, las consecuencias de lo que decidimos son aparentemente un continuo del tiempo lineal, y aparentemente sólo se puede tomar una decisión a la vez y sus consecuencias serán para siempre.

Vivimos en duelo por lo que dejamos atrás, y para vivir despiertos sin enfermarnos de melancolía es necesario aprender a vivir con nuestras consecuencias y con las posibilidades que no tomamos.

Para estar despierto, es necesario renunciar, cambiar, fluir, aprender el arte de morirnos a cada momento y sobre todo, aprender a reír. Porque la risa es la medicina de la melancolía y la melancolía es la causa de casi todas las enfermedades del cuerpo y de la mente.

Podemos aprender a recorrer ese camino que elegimos entre el mundo de posibilidades, sabiendo y aceptando con alegría que el dolor es inevitable; sabiendo y trabajando el sufrimiento que es algo opcional.

Ahora bien, las herramientas más poderosas para vivir despiertos son: saber respirar y saber dormir. Con saber, nos referimos al acto de poner atención.

Respirar es una función básica para vivir, pero saber respirar es sublimar lo básico en un acto consciente de recibir la vida. Respirar es recibir al mundo y permitir que nos nutra, que nos limpie y transforme en cada inspiración y expiración. Es decir, sentir el aire por la nariz, la piel, ojos, cabello, uñas, el sexo y respirar por todos los orificios del cuerpo.

Por eso la ropa demasiado ajustada, que no permite que el aire entre, no es recomendable. La ropa interior es una castración de la respiración sexual, el aire también nutre y limpia nuestros órganos sexuales, donde está nuestro instinto creativo, el fuego del impulso vital que necesita ser soplado.

Dormir es apagar el mundo consciente y permitir que el cuerpo se regenere con la obscuridad. Es entregar toda la información del día al sueño y permitir que allí se depure y se transforme a través de lo que algunos llaman inconsciente: el mundo amoral donde convergen todas las posibilidades, nuestros anhelos más profundos que no pasan por el filtro de los juicios.

En el sueño la vergüenza no existe. Incluso cuando la sentimos en un sueño, es un eco de la vergüenza de la vigilia. Esto es muy importante, porque son los juicios los que nos detienen o impulsan a hacer lo que hacemos a la luz del sol.

La noche con su maravillosa obscuridad nos invita a lo absoluto. Saber dormir y saber soñar es aprender las herramientas que da el caos de lo absoluto, y el caos tiene sus propias leyes.

El orden y el caos no son contrarios, sino dualidad. Al dormir vivimos en esta dualidad, respiramos, soñamos, morimos y al despertar renacemos. Estar despierto y soñar también son una dualidad. La vigilia se amplía cuando trabajamos en nuestro mundo onírico, y éste se nutre de lo que vamos creando a la luz del sol.

Así, respirando, soñando, viviendo despiertos, tomando decisiones, asumiendo las consecuencias y riendo, vamos creando la danza que nos llevará por el laberinto de vuelta a nosotros mismos.
Trazamos el sendero sobre los pasos de los otros. Ningún camino, incluso los ya hechos, son iguales para quienes los recorren; cada uno, paso a paso sobre los mapas, va recreando la vida que se hace consciente de sí misma a través de los pies de quien la camina.


jueves, 28 de septiembre de 2017

 TERREMOTO  

    

Imagina que tienes una hormiguita caminando por tu brazo y de pronto te das cuenta por las cosquillas, o porque te mordió. Entonces te sacudes violentamente (quizás en un acto reflejo) y la hormiga cae de tu brazo al suelo desde una distancia que es entre 200 y 400 veces su tamaño, o tal vez preferiste soplar fuerte para que la hormiga salga disparada por un viento que va a una velocidad que mueve su pequeña masa de tu brazo al suelo, y por más que intenta agarrarse a tu epidermis no lo consigue y finalmente… cae.  Imagina mejor que no tienes ninguna hormiga, más bien tienes comezón, porque has estado sacando escombros después de un terremoto y el polvo te pica, tanto que sin pensarlo siquiera te rascas; y no te das cuenta pero,  a demás de polvo, pequeñas partículas de piel muerta se están desprendiendo de tu cuerpo. No hay malicia en esto, sencillamente tú haces lo que necesitas, sólo tienes comezón y quieres sacudirte el polvo y rascarte y estas agotado.  Imagínate que eres esa hormiga, esa partícula de polvo, ese pedacito de piel muerta y vives en un gigantesco ser vivo que llamamos hogar y a veces madre. De pronto a este ser que nos contiene, le dan ganas de estornudar o de sacudirse, simplemente porque lo necesita. Así, sin malicia. Imagina entonces que hubo una tormenta solar, un eclipse, varios huracanes y un par de terremotos. Parece que este gigante andaba un poco incómodo por algo, y el movimiento que necesitaba para restablecer su equilibrio fue un poco más contundente de lo habitual, al menos en este pedazo de su cuerpo en el que vives. Pudiste haber salido disparado de tu casa, esa que tanto trabajo te costó tener, llena de cosas que necesitas y que tanto trabajo te costo tener. Peor aún, alguien muy amado para ti no tuvo la fortuna de sobrevivir al estornudo. No me malentiendas, no minimizo el dolor que sientes, yo misma no lo estoy pasando bien. Pero esto no es tu culpa, ni mía, ni del gobierno, ni de nadie… vivimos en un ser vivo, que hace lo que necesita hacer para estar bien, igual que tu e igual que yo. Imagina que no hay sentido para nuestro dolor, o al menos que no es importante, imagina que no es una reprimenda, que no es que nosotros como especie lo hemos hecho mal, no hay motivo aparente, no hay ningún sentido religioso, teológico, ni filosófico para todo lo que te está pasando. No estás en desgracia por obra de mano humana. Imagina que no hay Dios. Sólo por un momento. Sólo un segundo necesario de caos. De nada. Silencio. Y tú sin nada, hormiga volando en la nada, sin casa, sin cosas, llena de polvo sacando escombros. De pronto comienzas a sentir una inusual fuerza, se llama adrenalina y está compuesta por átomos de hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y carbono  ¡qué alivio! elementos simples que están por todo lados entrelazando nuestra realidad, nos dan una fuerza inusitada para huir o atacar y seguir con vida. Imagina que la adrenalina te da la fuerza necesaria para producir un terremoto en tu propio cuerpo, la fuerza necesaria para remover piedras al mismo tiempo que lloramos a nuestros muertos, al mismo tiempo que no sabemos si tendremos donde dormir esta noche. Imagina que esa glándula donde se produce el golpe de adrenalina que te salvó la vida, es la misma glándula que tenía la gran masa contenida del universo antes de hacer BANG. Así, sin malicia… sólo porque era necesario. Imagina que el universo que está compuesto de copias exactas de sí mismo, y que estornuda igual que tú, que yo y que la Tierra, contenedor de energía inagotable dicen, un ser, no sólo gigantesco, sino infinito que se crea a sí mismo, se recrea y se destruye y se vuelve a formar. Imagina que tu eres una copia ínfima de estos seres colosales: la Tierra, el Universo, entonces… tal vez tienes la misma capacidad de crear todo lo que ha sido destruido por el movimiento continuo de nuestra casa que viaja alrededor del sol a una velocidad aproximada de 170,000 kilómetros por hora, tan sólo 87 veces más rápido de lo que viaja el sonido cuando un desconocido a tu lado te dice que están siendo capaces que experimentar tanto dolor porque están vivos. Cuando escuchas esto sonríes. La sonrisa es un gesto primitivo inherente a toda nuestra especie, no hay ni un solo grupo humano que no conozca este gesto y aunque estás cansado, te sientes solo e inseguro, al escucharlo te emocionas, sientes confianza. Sonríes. Dicen que desde el Cuaternario el hombre está aquí, en La Tierra. En tantos miles y miles de años ¿te imaginas cuantas veces ha pasado? ¿Qué habrán hecho nuestros abuelos? Todos los de antes. Imagínate que por un momento puedes hablar con ellos y preguntarles de cuando estallaron las estrellas, los volcanes, de cuando la peste, la lepra, las plagas, de cuando todo pasaba y no había antibióticos y era común que las mujeres murieran al parir, o que sus hijos murieran al no poder adaptarse al ambiente. Imagina que puedes preguntarles del temor a los dioses, de las tormentas con truenos. Suponte que encuentras consuelo en sus palabras sin tiempo, consuelo, más no sentido… Porque todo está muriendo desde siempre.  
Imagina el consuelo que estoy sintiendo ahora al decirte todo esto y saber que quien seas y en donde estés, nos conozcamos o no, estamos aquí, existiendo en el mismo lugar y al mismo tiempo. ¿Quién sabe si este sea el sentido más allá de lo inevitable? ¿Te imaginas que no hubiera pasado nada de todo esto que nombramos vida, evolución, movimiento? ¿Quiénes seríamos ahora? ¿Qué sería del universo? 




lunes, 28 de agosto de 2017

La Sierra Madre





Andamos buscando. Tu yo y los caminos. Los caminos nos traspasan y también nos buscan en los labios, la curiosidad de nombrar el sentido del viaje, sin lograrlo. Los pies conectados a la tierra, los pies sistema nervioso. Pies contentos bailando por los senderos, encontrando poesía inédita en cada forma. ¿Dónde están tus pies debajo de las faldas? Madre Oriental guíanos en el intento. ¿Cuántos habitantes hay en este espacio y en este momento? No somos tan diferentes de los pinos y los sauces. Cierro los ojos a penas lo que dura el parpadeo para llenarme de todas tus formas que revelan la luz, quiero sentir en la piel cada pedazo del camino desfragmentado por la visión -incompleta-, quisiera convertirme en cada una de tus curvas. La mente no puede quedarse en ningún sitio, ese es regalo de la visión. El viaje mismo. La mente dispuesta a moverse a la velocidad de la luz. Gracias gracias por mis ojos y por tanta belleza contenida en todo lo que observo. Gracias por mi piel que siente las variaciones del sol y el roce ligero o intenso de los brillantes vientos. No hace falta cargar nada, más que lo que ya nuestras atmósferas pueden platicar de las historias que hemos vivido y presenciado desde el inicio de los tiempos, que son los míos, los tuyos y todos los que vinieron antes que nosotros. 

¿Cuántas veces han visto las montañas el paso del sol inmaculando? ¿Cuántos cambios de color, cuantas nubes viajeras han acariciado tus cornisas de gigantes ancestrales? ¿Qué les importa a las montañas los sentidos despiertos o dormidos? Estamos despiertos, no nos engañemos. Estamos tan despiertos que a veces sentirlo todo es tan cansado que necesitamos sostener el aliento. Entonces no alcanzan los sueños y la vida cotidiana. No sé qué sientas tú, pero a mí se me prende un fuego por dentro que me empuja a probar sabores nuevos, comer tierra a puños, viento enredado en la lengua, abrir la boca y las papilas para que la luna se me meta por el gusto hasta el fondo mismo de la sangre. Los paisajes me producen un hambre voraz. Paisaje -visión- trágame tú y déjame tragarte.

A veces me da miedo, siento que me perderé a mi misma en el camino, ¿he de convertirme en la golondrina que me mira desde el pino?, no hay forma de salvarme, no hay creencia a la que pueda asirme en la fiesta de la sorpresa. Tengo plumas azules y se me revuelve el ego en el pecho blanco. ¡Qué vértigo revienta mi nombre! Se desmorona el lenguaje en la penumbra incandescente. Me pierdo. ¿Dónde está mi casa? No soy una turista, casi nunca tengo a donde volver. Los sentidos me desnudan frente a ti. Pero eres tan sabia en su atmosfera de 35 millones de misteriosos años, que sólo en una inspiración de tu aliento me calmas. “Tú eres tu casa” me dices en voz alta para que no se me olvide y vuelva a mi centro. “Todo el mundo es mi casa” te respondo cantando para que sepas que estoy aquí siendo –por esta vez- golondrina también. ¿Madre Oriental has escuchado el sonido que hace la tierra al viajar -rítmica y musical- alrededor del sol? ¿Has sentido alguna vez el cansancio del sistema solar viajando alrededor de la galaxia? ¿Has sentido en la sangre el movimiento atemporal de nosotros siendo trasladados en esta gigante masa de agua, tierra, viento y fuego, viajando a través de la luz por todo el universo? Tus venas de agua. El movimiento. Manantial a través de la luz y por todo el universo.



miércoles, 16 de agosto de 2017

Taller de Sensibilización Femenina Saltillo

LA COMIDA

La mesa está puesta, todas las manos entraron al estado de la honestidad. Cuantas manos juntas, conocidas, amadas. Manos que han tocado tanto viento, que han abierto las puertas y las ventanas para que entre el sol, manos que se han desenredado el cabello para que caigan suaves y libres las ideas, sobre nuestras espaldas desnudas femeninas, listas para el goce de los sentidos abiertos al tiempo y sus cambios y sus canciones de caminos que hemos recorriendo a veces juntas, a veces sólo conectadas por nuestros ombligos, sin hablar, de lejos, sin mirarnos. Pero hemos estado, mujeres, acompañándonos. Hemos estado en nuestros sueños, nos hemos llamado por nuestros nombres y hoy, todas somos manos. Manos que nutren, manos que juegan en la misma mesa. Todo lo que hemos ido recogiendo en experiencias nos contiene y es nuestra historia que platica nuestra atmósfera. Este encuentro era la consecuencia natural de haber recorrido tantos caminos de ida y de vuelta a donde somos juntas y nos reflejamos lo que hemos construido cada una en soledad y cada una añorando la presencia de la otra. Ya no es tiempo de lucha, es tiempo de sembrar. No se cansen, no dejen de cantar, la sonrisa es la mejor de las medicinas en tiempos como este. El dolor no es opcional, pero no se asusten, aquí estamos para sanarnos entre nosotras. Inhalar. Sostener. Exhalar.
Las manos cantan mientras crean realidades, las manos entretejen los sabores de lo que nos alimenta. Somos todas nuestras manos. Hemos sido la realidad entretejida por nuestras abuelas, ahora que ya sabemos como tejer, nos toca. Ya es tiempo. ¿Qué vamos a hacer con todo esto?

Fotografía: Irene Hernández Torres




 

martes, 27 de junio de 2017

Danza

Después de hablar y hablar y hablar
por días y días y días
el silencio se hizo necesario
cuestión de vida a muerte
pero siempre es muerte
me desangré a través de mis palabras
me mordí la lengua tantas veces
viajé en el tiempo
al siempre el mismo lugar
donde todos decimos lo mismo
una y otra y otra vez
por días y días y noches

los noctámbulos
los ebrios de madrugadas inclementes
los silenciosos de día
los nostálgicos
los lucidos
¡digan yo! 

siempre llega el momento brillante
de decir y decir y decir
nombrar nombrar nombrar
persiguiéndonos la cola
el circulo eterno de lo que ya vimos
pero no podemos cambiar
hasta que
en un segundo de obscuridad
se manifiesta
 la gran búsqueda
brillantes obscuridades de ultratumba
ultramar
mar
amar
amarte

se manifiesta la locura
la palabra se vuelve hecho
se destruye el lenguaje en si mismo
como hechizo dicho al revés
el hecho es monstruoso y fantástico
terrible
El Espejo.
Que me importa a mi si en el camino hay que morirse
morirme es lo que deseo siempre para verlo otra vez
El Espejo
destello de las cuerdas
resonancia

Ca            ta

Pluuuuuuuuuuuuuuuum

el magnífico estallido recrea la vida
dentro y a fuera
de
todo
hay que saber despedirse
la muerte es un camino solo
camino solo
solo
camino


todo está ahí
a la vista de quien tenga entendimiento
ojos para ver
manos para tomar
tomar para transformar
a la vista el siguiente en la cadena digestiva

que tristes hemos estado durante la digestión
enfermos de tristeza
nos arde el estómago de tanta rabia
nos arde la vida en el colon
nos duele en el centro del pecho cerrado
pero la combustión es inevitable
revienta por dentro
revienta por fuera

después se escucha el acorde final
la piel se rasga y se desprende
graves tonos de guayaba entraña la apertura
luego la silenciosa obscuridad
tibia y acuosa
suave
contenida 
profunda

nada expresa 

nada vibra

Inmóvil

Hasta que 
un nuevo destello negro
Regresa la reverberación
Re
          ver
Bbbbbbera

¿Estamos listos?


jueves, 30 de junio de 2016

Medicina


AYUNO

Todo es lo que es. Pido tener tacto para tocar y entendimiento para entender. Lo que es adentro es afuera y lo que es afuera es adentro. Cuando no tengo contornos ¿dónde se siente el vértigo? Cuando lo que es afuera es adentro, el vértigo puede estar en cualquier lugar y llamarse de cualquier modo, como: sed, sal, mar.

La naturaleza es inminente, los cambios de estación, la lluvia, el frío, el sol... Sólo suceden. El dolor, como las tormentas, es inminente. Tratar de no sentir dolor, es la más vana e infructífera batalla de nuestra época. La fantasía de la estabilidad, la fantasía del lenguaje que nombra las cosas según su utilidad, como si todo fuera una cuestión de verbos. Y si, todo tiene un efecto y una causa, pero el orden contenido en el caos es un misterio inabarcable, porque los efectos de la piedra que rompe la superficie del agua y produce ondas son infinitos, la onda crecerá y quién sabe si se convierta en ola, y quién sabe si esa ola viajará a través del océano, mezclándose con las corrientes, alimentándose, y desembocando en alguna playa al otro lado de ese primer movimiento de la piedra, la energía será la misma del inicio, y el efecto es incalculable para la mano que tira la piedra. Pero sucede, y la ola también contiene el vértigo que siente en la boca del estómago quien tiró la piedra. 

La piedra bajará los metros que sean necesarios hasta que toque un fondo. En su naturaleza esta el caer, seguirá su trayectoria rompiendo las moléculas de agua, liberando el oxígeno que saldrá burbujeante. Sus minerales entrarán en contacto con su nuevo entorno, ella también contiene el vértigo. Con el paso de los días la piedra cambiará de estado, se llenará de lama, o servirá de casa para los habitantes acuáticos, y aun que no sea la misma piedra que fue lanzada, ni la ola será la misma onda al desembocar en una playa lejana, todo contiene el vértigo.

El vértigo se siente en la boca del estómago y sube con una nota aguda y amarilla hasta la coronilla, por eso provoca nauseas, todo lo que atenta contra la gravedad, es decir, que tiende a subir, provoca nauseas. El dolor se siente en el centro del pecho, entre los pulmones, por dentro del esternón, cerquita del corazón. En realidad siempre se siente ahí; cuando sentimos dolor en otras partes del cuerpo es un acto reflejo del corazón, que bombea la sangre y en la sangre viaja la sensación.  La boca del estómago y el esternón están conectados y tan cerca que a veces se confunden el vértigo y el dolor. A veces vienen tan juntos que los nombramos igual, pero son diferentes.

Cuando salí del vientre de mi madre, lo primero que sentí fue vértigo, amarillo, airoso, frío, que subió de la boca del estómago a mi pecho, abriéndolo violentamente. Sentí un dolor sordo y contundente, la nausea se convirtió en una nota, la primera, la más aguda, el llanto que es en realidad la primera exhalación. Exhalar: estoy en el mundo. Inhalar: el mundo está adentro de mí. Y así comienza el ciclo de las causas y efectos de cada uno de mis movimientos. Cada causa es un origen, cada efecto la consecuencia, y la consecuencia a su vez será un origen. La muerte es inminente en cada giro del ciclo: como es arriba, es abajo y como es abajo, es arriba. Luego viene la vida y con la vida la sed, y con la sed el deseo. 

La sed se origina como primer síntoma de deshidratación, es decir la carencia del agua en el cuerpo, se traduce en una “ansiedad por beber”. La ansiedad es la respuesta emocional ante los sucesos que se analizan subjetivamente a través de procesos mentales. Las emociones que se manifiestan durante una crisis de ansiedad son un método de supervivencia. El ansia por beber, la sed… es una respuesta emocional ante la carencia de un objeto vital para la sobrevivencia.

Sed es lo que sentía, no deseo.

Han pasado muchos años desde que Pablo se fue, yo estoy en el tercer día sin comer ni beber absolutamente nada, siento como me deslizo por la arena, mi cuerpo entero flota y mi mente va y viene del delirio a la lucidez. La sed. El océano. Litros y litros de agua intomable. Pienso en los náufragos cuando se quedan en una balsa en altamar, el tren, la paloma, Pablo. Se hace de noche, me quedo dormida.
-       
                                                  - Te vas a morder la lengua pronunciando mi nombre.

Me dice Pablo antes de darse la vuelta e irse hacia la montaña. Lo miro alejarse hasta que se pierde entre los matorrales. Sigo llorando hasta que se hace de noche, me despido del Árbol de Copas dándole las gracias por siempre darme consuelo cuando los adultos me regañan o los niños de la escuela me molestan. Antes de llegar a casa voy al patio donde, el tío Vladi degüella una gallina para hacerla caldo, desde la ventana veo como su cuerpo sin cabeza segue corriendo en círculos entre borbotones de sangre y plumas; tomo algunas de las que quedan y regreso al jardín donde está el círculo de pinos, doce en total, siembro una pluma debajo de cada pino. Cuando llego a casa, el tío Rogelio todavía está ahí, hablando con mis papás de lo mal portada que soy, de lo grosera e impertinente que me había puesto horas antes, cuando entró a mi cuarto con una paloma muerta en las manos.
-      
-                             - Mira… ¿qué bonita estaba verdad? La maté para ti, para que la pruebes. La vamos a cocinar y nos la vamos a comer.

Olía a alcohol y a ese aroma concentrado que tienen los ancianos que han bebido toda su vida y sólo comen carne. Tenía una verruga gigante en el mentón que me recordaba a las brujas de los cuentos, y esas manos grandes y nudosas con las que a veces aún sueño.
-         
-                                           -   Vete a la chingada

Le dije y me escapé escaleras abajo, salí de la casa corriendo, crucé el jardín, atravesé el círculo de pinos, luego la cerca, corrí y corrí por el descampado de la falda del cerro y cuando llegué al Árbol de Copas me solté llorando de puro susto, pensando que quizás no debería regresar nunca, me vi a mi misma vendiendo chicles como lo hacían muchos niños en los cruceros. Pensé que si alguno me quería hacer algo yo no tendría como defenderme. Además extrañaría mucho a mi abuela y sus cuentos. Pero quedarme en la casa mientras él estuviera allí me resultaba una idea insoportable. Tener que olerlo diario durante las vacaciones, llevarle cervezas cuando él las pidiera o que me sentara en sus piernas, o simplemente me viera como me veía… sentí una arcada y me caí del árbol.

Hundí las uñas en la tierra y una espina de cactus se me encajó entre la carne y la uña. Exploté en un grito que se perdió en la ventolera, entonces Pablo apareció de pronto sobresaltado.
-                      
                                           -  ¿Por qué gritas así? Me asustaste.- Me dijo con cara de fastidio
-            
--                                      -  ¡Si quiero gritar voy a gritar! Hay más cerros, búscate otro si te molestan mis gritos
-             
                                          -  ¿Qué te pasa? ¿Ahora por qué es el berrinche Niña Naranja?

Le conté lo de la paloma y su respuesta fue:
-                
                                            - Eres una llorona

Ya otras veces me había hecho burla pero ese día fue diferente, me lo dijo como me lo decían mis papás, con esa cara de hartazgo que ponían siempre que me veían llorando. Una paleta para que se le pase el berrinche a la niña, el que se enoja pierde, me decían otra vez, y yo siempre perdía. Tomé un puño de tierra y se lo aventé al rostro, llenándole también la boca. Me miró con esos ojos de adulto en cuerpo de niño de ocho años y escupió.
-         
                                  - ¿Tú que sabes? Si nomás vienes a decirme tonterías mejor vete. Es más ya no regreses, no quiero volver a jugar nunca más contigo.

Y nunca más jugamos juntos…

No recuerdo cuando comenzaron las visitas de Pablo, pero fue mi mejor y mi único amigo hasta ese día. Nos gustaba ir al cerro a explorar, él me contaba historias del desierto, y venía a que yo le contara las historias de mi abuela.
-        
      
-                                    -¿Cuál fue la nueva?

Me preguntaba emocionado a las tres de la mañana en medio de la obscuridad de mi cuarto, y yo la recreaba dándome algunas licencias poéticas, agregaba muertos, fantasmas y tesoros. A Pablo le gustaban particularmente los tesoros. Nuestro juego favorito consistía en enterrar objetos preciosos como dulces, objetos brillantes, flores disecadas, esas cosas.
Con el evento de la paloma, y la partida de Pablo la vida se convirtió en algo que existía del otro lado de una vitrina, yo podía observarla desde afuera y desde lejos aprendí a ver todos sus recovecos. Era como esos pueblitos de juguete con un trenecito que anda entre montañas de cartón, y hay personas diminutas que viven ahí, interactuando en un orden perfecto. Por eso de niña me obsesioné con las miniaturas, me imaginaba que podía hacerme pequeña, atravesar la vitrina y pasearme en el tren con guantes de cabritilla y un bonito vestido con holanes. Pero…

La bestia emplumada me mira con sus ojitos rojos, unos ojos brillantes de desierto de día, de viento ensordecedor. Miro a la bestia con mis ojos de niña, esos que no tienen miedo, sólo curiosidad.

La bestia rasguña la puerta de madera de la casa de mis abuelos, me cuenta las historias de mi infancia, del hechizo que hice un día para no tener que sentirme abandonada nunca más. Me dice del circulo de pinos donde enterré mi tristeza, mi último amigo imaginario, la gallina que mi tío Vladimir mató para hacerla caldo, la violación, las esferas de navidad, las primeras nueces que daba cada año el nogal; enterré mi primera sangre menstrual, los cuentos de mi abuela, las raspadas de las rodillas… mi infancia entera sembrada en el circulo de pinos, rodeado a su vez por el círculo de árboles de duraznos.


La bestia entonces se convierte en una vieja en cuatro patas que soy yo misma. Sonríe con la mirada, poderosa, imperturbable. Despierto. ¿Sueño o recuerdo? ¿Dónde siento el vértigo? Que sed, que frío tengo.

LA REALIDAD

https://www.youtube.com/watch?v=4ro1sz4wsos&nohtml5=False