LA COMIDA
La mesa está puesta, todas las manos entraron al estado de la honestidad. Cuantas manos juntas, conocidas, amadas. Manos que han tocado tanto viento, que han abierto las puertas y las ventanas para que entre el sol, manos que se han desenredado el cabello para que caigan suaves y libres las ideas, sobre nuestras espaldas desnudas femeninas, listas para el goce de los sentidos abiertos al tiempo y sus cambios y sus canciones de caminos que hemos recorriendo a veces juntas, a veces sólo conectadas por nuestros ombligos, sin hablar, de lejos, sin mirarnos. Pero hemos estado, mujeres, acompañándonos. Hemos estado en nuestros sueños, nos hemos llamado por nuestros nombres y hoy, todas somos manos. Manos que nutren, manos que juegan en la misma mesa. Todo lo que hemos ido recogiendo en experiencias nos contiene y es nuestra historia que platica nuestra atmósfera. Este encuentro era la consecuencia natural de haber recorrido tantos caminos de ida y de vuelta a donde somos juntas y nos reflejamos lo que hemos construido cada una en soledad y cada una añorando la presencia de la otra. Ya no es tiempo de lucha, es tiempo de sembrar. No se cansen, no dejen de cantar, la sonrisa es la mejor de las medicinas en tiempos como este. El dolor no es opcional, pero no se asusten, aquí estamos para sanarnos entre nosotras. Inhalar. Sostener. Exhalar.
Las manos cantan mientras crean realidades, las manos entretejen los sabores de lo que nos alimenta. Somos todas nuestras manos. Hemos sido la realidad entretejida por nuestras abuelas, ahora que ya sabemos como tejer, nos toca. Ya es tiempo. ¿Qué vamos a hacer con todo esto?

Fotografía: Irene Hernández Torres
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